| Un hombre valiente ( I ) |
| La Singladura |
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De todas las historia de la Historia Jaime Gil de Biedma
Nunca se sabe qué puede ocurrir en la radio. Hay días en los que se escuchan comentarios subidos de tono y pasan desapercibidos. En otros, lo más simple adquiere enseguida una importancia inmerecida. Pero hay otros más en los que intuimos que algo va a pasar y no sabemos qué. Lo que está pasando con la iniciativa nacida en De Costa a Costa de poner el nombre de Adolfo Suárez a la T4 es un ejemplo. La idea salió sola, no hubo premeditación, nadie la pensó. Por lo general las cosas más sinceras nacen así. La verdad es siempre natural, simple y agradecida. No sé qué pasará con esta idea nacida en un programa de Punto Radio. Ya ha valido la pena porque hay un debate que llama con urgencia al reconocimiento de uno de los nuestros; sobre la figura de un político que debe ser reconocido por lo que hizo, por lo que no hizo, por lo que evitó hacer y por lo que, después, muchos de nosotros pudimos hacer. Hablar, escribir, esperar. Y soñar. La Historia de España no es generosa en nombres de españoles que nos unan a la mayoría, seamos lo que seamos: derechas, izquierdas, creyentes… Suárez es uno de los pocos en los que nos podemos mirar. La memoria es selectiva, por eso recordamos lo que merece ser recordado. Quiso a su país y se entregó a él con el entusiasmo con que un párvulo estrena un caja de lápices de color.
Tuvo más intuición que conocimiento; más astucia que sabiduría; más brillantez que preparación. Pero fue un buen hombre. Y sobre todo, aunque pueda pasar por exagerado, déjenme utilizar las palabras con toda la justicia del mundo: fue un valiente al que todo el peso de la Historia de España no le asustó. Por eso hizo lo que hizo. Conviene recordarlo muchas veces. Con su nombre puesto en un aeropuerto o sin él, la Historia de España, por fin, dejó de terminar mal.
Felix Madero
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